Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres

El teléfono está conectado por Bluetooth. No lo estás tocando. Tus dos manos siguen en el volante y tus ojos parecen seguir mirando hacia adelante. Es fácil concluir que la distracción desapareció.

No desapareció. Sólo cambió de forma.

Conducir exige recursos visuales, manuales y mentales. Un sistema manos libres puede reducir claramente la necesidad de sostener el teléfono y, según cómo se use, también puede reducir parte de la interacción visual. Lo que no puede hacer es liberar automáticamente la atención que estás dedicando a la conversación.

Ésa es la diferencia entre tener las manos libres y tener la mente libre.

La AAA Foundation ha estudiado precisamente esa parte menos visible de la distracción. Sus trabajos muestran que algunas tareas de voz pueden aumentar la carga cognitiva, alargar tiempos de respuesta y reducir el escaneo del entorno incluso cuando las manos permanecen en el volante. NHTSA utiliza una definición parecida: cualquier actividad que desvíe atención de la tarea de conducir puede convertirse en distracción.

Hay algo especialmente contraintuitivo en todo esto: puedes estar mirando la carretera sin procesarla con la misma profundidad. Estudios de conducción simulada encontraron que las conversaciones por teléfono manos libres podían afectar la reacción ante vehículos que frenaban y reducir el recuerdo de elementos que los ojos sí habían mirado. Ver algo no garantiza que tu atención le haya dado suficiente importancia.

Eso tampoco significa que una llamada por voz sea exactamente igual de riesgosa que escribir un mensaje. Un texto suele combinar distracción visual, manual y cognitiva al mismo tiempo. Una conversación manos libres tiene otro perfil. La conclusión útil no es que “todo distrae igual”, sino que quitar el teléfono de la mano resuelve sólo una parte del problema.

También importan la duración y la complejidad. Decir “llego en diez minutos” no exige lo mismo que discutir un problema de trabajo, dictar un mensaje largo o tomar una decisión complicada. Y el problema real es que una llamada sencilla puede dejar de serlo justo cuando la carretera también se complica.

Imagina que vas hablando de algo trivial y, de pronto, un motociclista cambia de carril, aparece una obra, el auto de adelante frena y necesitas leer una salida al mismo tiempo. La conversación no sabe que el contexto cambió. La persona del otro lado tampoco ve necesariamente lo que tú estás viendo. Tu cerebro tiene que reorganizar prioridades en segundos.

Ahí hay una diferencia interesante frente a un pasajero dentro del auto. Una persona sentada a tu lado puede percibir que entraste a tráfico pesado, que estás buscando una salida o que apareció una maniobra difícil y, muchas veces, puede callarse de manera natural. El interlocutor remoto no siempre tiene esa información.

Por eso la tecnología de voz debe entenderse como una herramienta para reducir ciertas interacciones manuales, no como permiso para realizar cualquier tarea mientras el vehículo se mueve. El hecho de que una función venga integrada desde fábrica tampoco significa que sea buena idea usarla en cualquier momento. El auto puede ofrecerte la posibilidad; la carretera decide cuándo tienes atención disponible.

La decisión práctica es sencilla: si la conversación no necesita ocurrir mientras conduces, puede esperar. Si sí necesitas atenderla, conviene que sea breve y que no se combine con navegación, búsqueda en pantalla o decisiones complejas. Si la situación de tránsito aumenta de dificultad, terminar o pausar la conversación es una mejor respuesta que intentar “poner más atención” a dos cosas simultáneamente.

Y si la conversación realmente necesita tu concentración, detenerte en un lugar seguro suele ser la opción más limpia.

La frase que vale la pena recordar no necesita tecnicismos: manos libres puede reducir una parte de la distracción; no significa mente libre.

Ese mismo criterio sirve para cualquier tecnología dentro del auto. Una pantalla, un asistente por voz o un sistema de navegación debería ayudarte a conducir, no convertirse en otra tarea con la que tengas que competir. Si una cámara, sensor, mando o sistema del vehículo falla y te obliga a dedicarle atención constante, conviene corregir la falla en lugar de acostumbrarte a pelear con ella.

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Fuentes consultadas: AAA Foundation for Traffic Safety — Measuring Cognitive Distraction in the Automobile. https://aaafoundation.org/research/measuring-cognitive-distraction-automobile/ AAA Foundation — Visual and Cognitive Demands of Using In-Vehicle Information Systems. https://aaafoundation.org/research/visual-cognitive-demands-using-vehicle-information-systems/ NHTSA — Peligros de conducir distraído. https://www.nhtsa.gov/es/conducir-riesgoso/distraccion Journal of Experimental Psychology: Applied / PubMed — Cell phone-induced failures of visual attention during simulated driving. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12710835/