Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres

Honda llevaba años fabricando motocicletas cuando decidió entrar al automóvil.

En 1963 empezó a producir sus primeros vehículos de cuatro ruedas.

En 1964 ya estaba compitiendo en Fórmula 1 con un auto y un motor desarrollados por la propia empresa.

Visto desde fuera parece precipitado.

Visto desde la filosofía de Soichiro Honda, tenía lógica:

si quieres aprender rápido, pon tu ingeniería en un lugar donde los errores sean imposibles de esconder.

Antes de Honda Motor hubo una bicicleta con motor.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón necesitaba movilidad barata.

En 1946, Soichiro Honda comenzó a trabajar con pequeños motores auxiliares instalados en bicicletas.

Al principio utilizó motores excedentes de generadores militares y después desarrolló sus propias soluciones.

En 1947 apareció el Honda A-Type, primer producto original del pequeño Honda Technical Research Institute.

La idea era elemental:

una bicicleta podía llevarte más lejos si alguien resolvía bien el problema del motor.

Ésa fue la semilla.

Soichiro Honda también necesitó a alguien que pensara distinto a él.

Honda Motor Co., Ltd. se fundó oficialmente el 24 de septiembre de 1948.

Soichiro Honda representaba la obsesión por producto, ingeniería y manufactura.

Takeo Fujisawa aportó la visión comercial y financiera que permitió convertir esas ideas en una empresa escalable.

Esa combinación fue decisiva.

Una compañía puede tener un inventor brillante y aun así fracasar si no aprende a vender, distribuir, financiar y organizar.

Honda necesitó ambas cosas.

La Dream D-Type convirtió el pequeño experimento en una motocicleta completa.

En 1949 llegó la Dream D-Type.

Fue la primera motocicleta completa desarrollada por Honda, no simplemente una bicicleta a la que se le había añadido un motor.

Su nombre también decía algo del fundador.

Soichiro Honda hablaba ya de competir y llegar a ser número uno en el mundo.

Para una empresa recién nacida, era una ambición desproporcionada.

Pero terminó definiendo su comportamiento.

Super Cub le enseñó a Honda a escalar antes de fabricar autos.

En 1958 apareció Super Cub C100.

Pequeña.

Fácil de usar.

Motor de cuatro tiempos.

Embrague centrífugo automático.

Pensada para personas que no necesariamente querían ser motociclistas expertos.

La combinación funcionó.

Super Cub terminó convirtiéndose en una de las familias de vehículos motorizados más producidas de la historia.

Honda aprendió una lección importante antes de fabricar autos:

una gran ingeniería no siempre tiene que ser complicada para el usuario.

Honda entró al automóvil por dos caminos al mismo tiempo: utilidad y entusiasmo.

En agosto de 1963 comenzó la producción del T360, un pequeño camión.

En octubre llegó el S500, un deportivo compacto.

Honda no empezó con un sedán familiar convencional.

Entró al mercado mostrando dos personalidades que todavía existen en la compañía:

utilidad

y entusiasmo por conducir.

Además llegaba tarde.

Toyota, Nissan y otros fabricantes japoneses ya tenían mucha más experiencia automotriz.

Honda necesitaba aprender rápido.

Un año después, Honda ya estaba en Fórmula 1.

Aquí la historia se vuelve difícil de creer.

Honda debutó en el Campeonato Mundial de Fórmula 1 el 2 de agosto de 1964, en el Gran Premio de Alemania.

El RA271 utilizaba un V12 de 1.5 litros colocado transversalmente y desarrollado por Honda.

La empresa había considerado inicialmente participar como proveedor de motores, pero terminó construyendo también su propio chasis.

Honda todavía estaba aprendiendo a fabricar autos de calle.

Y al mismo tiempo intentaba resolver uno de los problemas de ingeniería más exigentes del automovilismo.

La pregunta interesante no es por qué correr, sino por qué hacerlo tan pronto.

Honda describe su entrada a F1 como un campo de entrenamiento tecnológico para el negocio automotriz. La obsesión por aprender compitiendo ya venía de antes: Suzuka, impulsado por Honda, abrió en 1962, antes incluso de que Japón inaugurara su primera autopista moderna.

No era sólo publicidad.

En competición, cada decisión queda expuesta.

Temperatura.

Lubricación.

Materiales.

Combustión.

Transmisión.

Frenos.

Aerodinámica.

Confiabilidad.

Si algo está mal, el cronómetro o una falla lo revela.

Honda utilizó la pista como una forma acelerada de aprendizaje.

En 1965 ganó por primera vez un Gran Premio de F1: México, con Richie Ginther al volante del RA272. Seis décadas después, la historia volvió a abrirse: desde 2026 Honda participa como proveedor de unidades de potencia bajo una alianza de fábrica con Aston Martin. La pista sigue funcionando como laboratorio, sólo que ahora el problema incluye mucha más electrificación que en aquel V12 de 1.5 litros.

Que esa primera victoria llegara en México añade una conexión especial para nuestra historia automotriz.

Civic cambió la escala de Honda.

Honda lanzó Civic en 1972.

El momento era importante.

El mundo empezaba a preocuparse más por consumo y emisiones.

Honda respondió con un auto compacto y con la tecnología CVCC —Compound Vortex Controlled Combustion—.

La solución permitió que ciertas versiones cumplieran los nuevos límites estadounidenses de emisiones sin utilizar catalizador, en una época en que conseguirlo era un enorme reto técnico.

Civic ayudó a transformar a Honda de fabricante de motocicletas que también hacía autos en una automotriz global.

Accord fue el siguiente escalón.

Accord apareció en 1976.

Era mayor y más refinado que Civic.

Su crecimiento en mercados como Estados Unidos ayudó a colocar a Honda en una posición distinta.

Ya no competía únicamente por eficiencia.

También por calidad percibida, comodidad y confiabilidad.

La marca podía ampliar su producto sin abandonar su identidad de ingeniería.

VTEC convirtió una solución de válvulas en cultura de marca.

VTEC significa Variable Valve Timing and Lift Electronic Control.

La idea es modificar el comportamiento de las válvulas según las condiciones de operación.

En términos sencillos:

un motor no necesita respirar igual cuando circula tranquilo que cuando gira a altas revoluciones.

VTEC permitió combinar diferentes compromisos entre eficiencia y desempeño.

La tecnología terminó siendo tan reconocida que dejó de ser una simple solución mecánica.

Se volvió parte de la cultura de aficionados Honda.

NSX llevó otra idea contra la corriente: un superauto también podía ser usable.

A finales de los años ochenta, Honda decidió desarrollar un deportivo de motor central capaz de competir con autos exóticos europeos.

El NSX llegó a producción en 1990.

Utilizó una carrocería monocasco de aluminio y un enfoque muy distinto al estereotipo del superauto complicado de manejar y mantener.

El objetivo no era sólo ser rápido.

También debía funcionar como automóvil.

Ayrton Senna participó en pruebas de desarrollo y aportó retroalimentación sobre la rigidez del chasis.

El NSX demostró que desempeño, ergonomía y confiabilidad no tenían que ser objetivos incompatibles.

Honda tampoco se quedó en autos y motos.

La empresa continuó extendiendo su ingeniería a otros campos.

Productos de fuerza.

Motores marinos.

Robótica.

Aviones.

HondaJet es quizá la demostración más visible.

La empresa que comenzó motorizando bicicletas terminó desarrollando un avión ejecutivo.

Pocas marcas automotrices tienen una historia de movilidad tan amplia.

En México, la historia ya suma cuatro décadas y dos plantas.

Honda de México comenzó operaciones el 10 de septiembre de 1985.

La primera planta se estableció en El Salto, Jalisco.

Inició producción de motocicletas y autopartes en 1988 y, en 1995, comenzó a fabricar automóviles con Accord.

En 2014 entró en operación la planta de Celaya, Guanajuato.

Para 2025, Honda de México reportaba más de 6,600 asociados entre sus operaciones nacionales.

La función de las plantas también evolucionó.

El Salto se concentra hoy en motocicletas, productos de fuerza y refacciones.

Celaya concentra producción automotriz y transmisiones CVT.

Celaya muestra hasta dónde llegó esa historia: hoy produce Honda HR-V y Acura ADX.

La planta de Celaya produce actualmente Honda HR-V y Acura ADX para mercado local y exportación.

ADX tiene además una relevancia particular:

es el primer modelo Acura fabricado en México.

Eso conecta varias capas de la historia Honda.

Una empresa japonesa.

Una marca premium estadounidense de origen japonés.

Ingeniería compartida.

Manufactura mexicana.

Producto exportado.

La industria moderna rara vez cabe dentro de una sola bandera.

Tres productos ayudan a entender la lógica de Honda.

Super Cub: la capacidad de convertir ingeniería sencilla en movilidad masiva.

Civic: el automóvil que hizo escalar a Honda globalmente.

NSX: la ambición de demostrar que también podía desafiar a los deportivos exóticos.

La competición no convierte automáticamente a cualquier Honda en un auto de carreras.

La relación con F1 puede hacer muy atractiva la historia.

Pero no conviene convertirla en mito.

Que Honda compita no significa que cada componente de un Civic, HR-V o CR-V provenga directamente de un monoplaza.

La competición puede acelerar conocimiento en combustión, materiales, gestión térmica, electrónica y procesos.

Después cada tecnología debe adaptarse a costo, durabilidad, emisiones, confort y uso cotidiano.

El auto de calle sigue teniendo su propia ingeniería.

La historia cambia la expectativa frente al taller.

Honda ha utilizado durante décadas muchas arquitecturas distintas.

Motores atmosféricos.

Turbo.

Híbridos.

Transmisiones manuales.

Automáticas convencionales.

CVT.

Diferentes generaciones de VTEC.

Sistemas de asistencia.

Por eso decir “es Honda” no identifica una reparación.

Antes de autorizar un trabajo, pide que el taller pueda responder:

  • qué generación y motorización tiene la unidad;
  • qué transmisión utiliza;
  • qué sistema presenta el síntoma;
  • qué prueba confirmó la falla;
  • qué valor se esperaba y cuál se obtuvo;
  • qué número de parte corresponde;
  • qué procedimiento posterior requiere;
  • cómo se verificará el resultado.

Honda hizo de “aprender haciendo” una parte de su cultura.

Un taller debería aplicar la parte correcta de esa idea:

probar.

medir.

entender.

y después reparar.

No experimentar con el auto del cliente.

La idea más importante es que Honda convirtió competir en una forma de aprender.

Honda entró a Fórmula 1 prácticamente al mismo tiempo que aprendía a fabricar automóviles.

No esperó décadas para sentirse preparada.

Convirtió la competencia en una escuela extremadamente exigente.

Esa mentalidad ayuda a explicar cómo una empresa que empezó instalando motores en bicicletas terminó fabricando motocicletas, autos, equipos de fuerza y aviones.

Ahora que conoces lo que tuvo que pasar para que Honda llegara hasta ahí, la expectativa frente al servicio también puede subir:

ingeniería significa demostrar qué está mal antes de cambiar piezas.

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Fuentes

Honda Global — 75 Years of Honda History: Founding and Pioneering https://global.honda/en/about/history-digest/75years-history/chapter1/section1/

Honda Global — Power Products History: The Birth of Honda’s General-Purpose Engine https://global.honda/en/powerproducts/powerproducts-history/general-purpose-engines/

Honda Global — The Road to Producing Automobiles https://global.honda/en/about/history-digest/75years-history/chapter3/section2_1/

Honda Global — Honda F1, 1964 https://global.honda/en/F1/1964/

Honda de México — 40 años de presencia en México https://rp.honda.mx/wp-content/documentos/556_HDM_cuatro_decadas_de_compromiso.pdf

Honda de México — Resumen corporativo 2025 https://rp.honda.mx/wp-content/documentos/519_Resumen_informe_Honda_2025.pdf