Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres
El primer BMW Art Car no terminó las 24 Horas de Le Mans. Abandonó después de siete horas. Cincuenta años más tarde, nadie necesita recordar su posición de carrera para reconocer que ganó algo mucho más difícil de medir: convirtió un coche de competición en una obra cultural sin dejar de tratarlo como coche.
La idea ni siquiera nació como una campaña de BMW. En 1975, el piloto y subastador francés Hervé Poulain quería unir sus dos obsesiones, arte y automovilismo. Encontró un aliado en Jochen Neerpasch, entonces responsable de BMW Motorsport, y convencieron al escultor Alexander Calder de intervenir un BMW 3.0 CSL que competiría en Le Mans.
Calder no recibió la tarea de diseñar una librea corporativa. Usó sus colores intensos y formas curvas sobre la carrocería como si el volumen del auto fuera parte de la obra. El 14 de junio de 1975 el coche salió a la pista. Una avería en el eje de transmisión terminó su carrera unas siete horas después, pero el público reaccionó con tanta fuerza que aquella colaboración concebida como un experimento único se convirtió en el origen de una colección.
Esa primera contradicción explica casi todo lo que vino después. Una librea de carreras necesita identificar equipo, patrocinadores y vehículo a alta velocidad. Un Art Car puede hacer otra cosa: usar el automóvil como medio artístico, aunque el resultado incomode a la lógica de marca. A veces ambas funciones conviven, pero no son equivalentes.
Frank Stella siguió en 1976; Roy Lichtenstein en 1977. En 1979 Andy Warhol llevó el choque todavía más lejos. En vez de entregar un boceto para que otros lo reprodujeran, pintó personalmente el BMW M1 con pinceladas gruesas. BMW documenta que tardó apenas 28 minutos. Su argumento era visual: a gran velocidad, líneas y colores se vuelven borrosos. El coche no terminó protegido detrás de una cuerda: corrió Le Mans y quedó sexto absoluto y segundo de su clase.
Eso crea una pregunta que un taller convencional rara vez enfrenta: ¿la suciedad, los arañazos, las huellas y el desgaste de una obra que compitió son defectos que deben borrarse o parte de su historia? En el M1 de Warhol, incluso las marcas del proceso —pinceladas, goteos, huellas y rayones— forman parte de la autoría. Repintar hasta “dejarlo perfecto” podría destruir justo aquello que se intenta conservar.
No todos los Art Cars tuvieron la misma vida. A partir de los años ochenta aparecieron vehículos de producción, prototipos y piezas que no fueron creadas para competir. Esa diversidad impide usar una sola receta de restauración o valoración. Lo que importa es qué auto fue intervenido, quién lo hizo, con qué técnica, para qué propósito y qué historia verificable conserva.
El caso de Esther Mahlangu amplió la colección en otra dirección. En 1991 se convirtió en la primera mujer y la primera artista africana en crear un BMW Art Car. Su 525i trasladó al automóvil los patrones y colores ligados a la tradición visual Ndebele. La fuerza no estaba en pedirle que pensara como diseñadora automotriz, sino en dejar que una práctica artística con otra historia ocupara un objeto industrial alemán.
Décadas después, la idea original volvió literalmente a Le Mans. Julie Mehretu diseñó el Art Car número 20 sobre un BMW M Hybrid V8 y lo presentó en mayo de 2024 en el Centre Pompidou. Su obra trasladó a la carrocería el vocabulario de su pintura “Everywhen” mediante mapeo tridimensional y un recubrimiento ligero; el auto compitió en las 24 Horas de Le Mans de junio de 2024. Casi medio siglo después de Calder, BMW seguía aceptando la misma tensión: arte que no se queda quieto.
La continuidad importa. Una marca puede contratar a un artista una vez y obtener una campaña llamativa. Sostener una colección desde 1975, con periodos largos entre piezas y autores tan distintos, crea otra cosa: una institución cultural. En 2025 BMW celebró 50 años de Art Cars con una gira mundial de la colección. La rareza no proviene de lanzar una edición cada temporada, sino de que cada intervención tenga un motivo y un autor propios.
Ese mismo punto ayuda a no confundir este artículo con cualquier “auto pintado por un artista”. El programa BMW Art Cars cuenta la historia de una colección específica y de cómo nació en competición. Otra discusión distinta es si una pieza única, una serie de 99 autos firmados por un artista o una instalación temporal deben valorarse de la misma forma. No deben; aquí la pregunta es qué hizo que esta colección sobreviviera cinco décadas sin convertirse simplemente en merchandising.
La respuesta está, en parte, en que BMW cedió control. Si Calder, Warhol, Mahlangu o Mehretu hubieran recibido un manual de identidad con el mensaje ya resuelto, la obra habría sido publicidad ilustrada. La colección funciona porque el colaborador puede imponer su lenguaje y porque el automóvil sigue aportando algo que un lienzo plano no tiene: volumen, velocidad, ruido, riesgo y uso.
Para un propietario o restaurador, esa libertad creativa se convierte años después en obligación documental. Antes de tocar pintura, láminas, vinilos, acabados o piezas de un vehículo artístico hay que reconstruir procedencia, técnica original, fotografías históricas, reparaciones previas y criterio de conservación. La pregunta “¿cómo lo dejo como nuevo?” puede ser equivocada. La pregunta correcta es “¿qué parte de su estado actual pertenece a la obra y qué parte es deterioro que amenaza al vehículo o a la propia obra?”.
También hay que separar conservación artística de seguridad mecánica. Un desgaste histórico en la pintura puede merecer preservarse; un componente de freno fatigado no se vuelve valioso por haber corrido Le Mans. El auto puede ser obra y máquina al mismo tiempo, y cada capa necesita especialistas, evidencia y decisiones distintas.
Esa dualidad es el verdadero legado del primer Calder. Falló como coche de carreras aquella tarde de 1975, pero demostró que un automóvil podía seguir siendo máquina mientras se convertía en otra cosa. Por eso un BMW Art Car no se entiende sólo mirándolo limpio en un museo. Hay que imaginarlo con temperatura, ruido, goma, insectos y horas de pista encima.
Si un vehículo de colección combina historia cultural y mecánica, conservarlo bien exige diagnosticar ambas sin borrar ninguna. Encuentra tu taller aliado más cercano en www.rmxtalleres.com
Fuentes
BMW Group PressClub — “VRRRRRRRRROOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMM!!!!!! World Tour: The BMW Art Car Collection celebrates its 50th anniversary”, 2025. Confirma el origen con Hervé Poulain y Jochen Neerpasch, el debut de Calder el 14 de junio de 1975, retiro tras siete horas y continuidad de la colección. https://www.press.bmwgroup.com/global/article/detail/T0448787EN/
BMW Group — “BMW Art Cars – 50 years of art on wheels”, 2025. Documenta la evolución de la colección y que Warhol pintó personalmente su M1 en 28 minutos. https://www.bmwgroup.com/en/news/general/2025/bmw-art-cars.html
BMW Group PressClub — “Andy Warhol’s BMW M1 Art Car… Art Dubai 2025”, 16 abril 2025, y archivo BMW de Le Mans. Confirman las 28 minutos, la intervención directa de Warhol y el sexto lugar absoluto del M1 en Le Mans 1979. https://www.press.bmwgroup.com/global/article/detail/T0449640EN/
BMW Group PressClub — “BMW celebrates artistic journey of Esther Mahlangu”, 2024. Confirma que en 1991 fue la primera mujer y primera artista africana del programa y la relación del 525i con patrones Ndebele. https://www.press.bmwgroup.com/south-africa/article/detail/T0439118EN/
BMW Group PressClub México — “El BMW M Hybrid V8 Art Car de Julie Mehretu correrá en las 24 Horas de Le Mans…”, 22 mayo 2024. Confirma el Art Car número 20, presentación en Centre Pompidou y participación en Le Mans 2024. https://www.press.bmwgroup.com/mexico/article/detail/T0442297ES/
