Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres

Si no alcanzas bien los pedales, la reacción natural es mover el asiento hacia adelante.

A veces demasiado.

Y ahí aparece una contradicción que afecta especialmente a conductores de baja estatura: acercarte te permite controlar freno y acelerador, pero también puede colocar cara y pecho demasiado cerca del volante y de la bolsa de aire. La solución no es elegir entre “alcanzar” o “estar seguro”. Es conseguir que piernas, brazos, cinturón, visibilidad y distancia al volante funcionen al mismo tiempo.

NHTSA recomienda mantener, cuando sea posible, unas 10 pulgadas —aproximadamente 25 centímetros— entre el esternón y la cubierta del airbag del volante, mientras el conductor sigue pudiendo alcanzar cómodamente los pedales. La cifra no es una receta completa de ergonomía ni sustituye el manual del vehículo. Sirve para recordar que ganar alcance acercando todo el cuerpo tiene un límite.

Por eso los ajustes de altura y profundidad del volante son tan útiles. Si puedes acercar el volante a tus manos, no necesitas acercar en la misma proporción el pecho al tablero. Lo mismo ocurre con un asiento regulable en altura o, en algunos modelos, con pedales ajustables. El objetivo no es usar todas las perillas; es resolver varias restricciones sin crear una nueva.

Una persona de baja estatura debería poder pisar completamente el freno sin despegar la espalda del respaldo y sin quedar “abrazando” el volante. Si para llegar al pedal necesita sentarse casi encima del airbag, el problema no se resolvió: sólo se movió de lugar.

Pero la ergonomía también falla hacia el otro extremo.

Una persona alta puede entrar a un auto que por fuera parece grande y descubrir que las rodillas quedan demasiado flexionadas, que el volante no sale lo suficiente, que el techo limita la postura o que al alejar el asiento para acomodar las piernas termina estirando demasiado los brazos. El tamaño exterior no garantiza espacio útil para el cuerpo del conductor.

Ésa es una razón por la que NHTSA recomienda algo que parece demasiado básico para mencionarse: antes de comprar un vehículo, siéntate en él, ajusta el puesto y pruébalo. Alcanzar pedales, conservar una línea de visión cómoda y tener visibilidad en todas direcciones forman parte del “fit” entre persona y vehículo.

La pregunta correcta no es “¿me cabe este auto?”. Es “¿puedo colocarme donde sus sistemas esperan que esté?”.

El cinturón necesita cruzar hombro, pecho y pelvis en una geometría adecuada. El airbag necesita espacio para desplegarse. El reposacabezas necesita quedar cerca de la zona para la que fue diseñado. Los pedales necesitan recorrido completo. El volante necesita un rango que permita maniobrar sin estirar brazos ni encerrar los codos contra el torso.

Por eso un cojín suelto no siempre es una solución inocente. Puede elevar al conductor y mejorar la vista, pero también cambiar la relación con cinturón, reposacabezas y asiento, además de moverse durante una maniobra. Lo mismo pasa con extensiones de pedal improvisadas: si una adaptación falla, no estás perdiendo comodidad; puedes perder el control de freno o acelerador.

Existen soluciones profesionales y equipos adaptativos para personas que realmente los necesitan. NHTSA contempla, entre otras posibilidades, modificaciones de pedales y otros controles. La diferencia está en que una adaptación seria debe mantener recorrido, estabilidad y compatibilidad con los sistemas de seguridad, no simplemente “acercar” una superficie al pie.

Hay otra prueba muy sencilla que sirve antes de comprar: configura el puesto completo durante varios minutos. Mueve asiento, respaldo, altura y volante; pisa el freno a fondo; gira el volante; revisa espejos; observa cuánto espacio queda para rodillas y cabeza. Si sólo logras llegar a los pedales sacrificando distancia al volante, o si sólo consigues espacio para piernas a costa de perder alcance con los brazos, ese vehículo quizá no se ajuste bien a tu cuerpo.

No es una cuestión de que un auto sea “bueno” o “malo”. Es geometría.

Dos modelos con dimensiones exteriores parecidas pueden tener asientos a distinta altura, pedaleras con otro ángulo, tableros más profundos o volantes con rangos de ajuste muy diferentes. Por eso el auto correcto para una persona baja o alta no se elige únicamente mirando largo, ancho o altura de la carrocería.

También conviene desconfiar de la frase “ya me voy a acostumbrar”. El cuerpo puede aprender a tolerar una postura incómoda, pero eso no convierte en correcta una posición que te obliga a encogerte, estirarte o acercarte demasiado al airbag.

La idea más útil de todo este tema cabe en una frase: no ajustes tu cuerpo al auto hasta deformar la postura; ajusta el auto a tu cuerpo dentro de los límites que sus sistemas de seguridad permiten.

Y si después de usar todos los ajustes originales sigues sin alcanzar pedales, quedas demasiado cerca del volante, no ves correctamente o el cinturón no se posiciona bien, vale más buscar otra configuración o una adaptación profesional que improvisar una solución.

Un motor puede estar perfecto y el vehículo seguir quedándote mal.

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Fuentes consultadas: NHTSA — Vehicle Air Bags and Injury Prevention. https://www.nhtsa.gov/vehicle-safety/air-bags NHTSA — Adapted Vehicles / vehicle fit. https://www.nhtsa.gov/vehicle-safety/adapted-vehicles NHTSA en español — Adaptar un Vehículo para una Persona con Discapacidad. https://www.nhtsa.gov/es/seguridad-de-vehiculos/vehiculos-adaptados NHTSA en español — Su Bolsa de Aire Le Puede Salvar la Vida. https://www.nhtsa.gov/es/seguridad-de-vehiculos/bolsas-aire