Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres

Te subes a un auto y puedes leer media hora sin problema. En otro, a los diez minutos ya estás buscando aire.

La reacción inmediata es decir: “ese auto marea”.

Puede ser cierto para ti. Pero casi nunca significa que exista una sola pieza culpable o que determinada marca “maree” por definición.

La cinetosis aparece cuando el cerebro recibe señales de movimiento que no encajan del todo con lo que esperaba. Tus ojos pueden estar viendo una pantalla quieta mientras el oído interno detecta curvas, aceleraciones y frenadas. Ese conflicto ayuda a explicar por qué leer suele empeorar el problema y mirar hacia la carretera puede aliviarlo.

Pero el vehículo sí importa, porque no todos producen el mismo movimiento.

Cambian la frecuencia con que oscila la carrocería, el control de rebote, la distancia entre ejes, la altura, el amortiguamiento, el asiento y la forma en que las aceleraciones llegan al cuerpo. Una suspensión que filtra bien ciertos movimientos puede sentirse mucho más amable para una persona sensible. Otra puede transmitir oscilaciones que coinciden justo con las frecuencias que más molestan.

Eso no significa que “suspensión suave = mareo”. Una suspensión muy flotante puede generar movimientos amplios. Una muy rígida puede transmitir impactos. Lo que importa es cómo controla el conjunto, no una etiqueta simplificada.

Un estudio publicado en 2026 evaluó con 24 participantes una suspensión activa de asiento simulada durante una sesión de 29 minutos y encontró una reducción global cercana al 50% en el mareo reportado bajo esa condición experimental. No demuestra que un asiento especial “cure” la cinetosis ni permite extrapolar el efecto a cualquier vehículo. Demuestra algo mucho más útil: modificar el movimiento que realmente llega al cuerpo puede cambiar la experiencia.

También importa dónde te sientas.

Un estudio con más de tres mil pasajeros en autobuses encontró mayor malestar hacia la parte trasera, donde el movimiento lateral era más intenso. También observó diferencias entre rutas y conductores. El mismo pasajero podía sentirse razonablemente bien en una vía recta y mucho peor en una carretera con curvas.

Eso ayuda a entender por qué “el auto no cambió” no significa “el viaje fue igual”.

El conductor también puede fabricar parte del mareo sin darse cuenta. Aceleraciones bruscas, frenadas tardías, cambios continuos de velocidad y correcciones fuertes en curva aumentan movimientos longitudinales y laterales. El pasajero no los anticipa igual que quien lleva las manos en el volante.

Por eso una conducción suave puede cambiar mucho la experiencia sin tocar una sola pieza.

También conviene poner en duda otra frase muy repetida: “los eléctricos marean más”.

No se puede afirmar así.

Un eléctrico puede tener entrega inmediata de torque, frenado regenerativo y un nivel de silencio distinto. Si la calibración o la forma de conducir producen aceleraciones y desaceleraciones más marcadas, algunas personas pueden notarlo más. Pero el problema no es “la electricidad”. Es el perfil de movimiento.

Un EV bien calibrado y conducido con suavidad puede ser muy confortable. Un vehículo de combustión manejado de forma brusca puede marear muchísimo.

La llegada de sistemas más automatizados vuelve el tema todavía más interesante. Cuando el ocupante deje de mirar la carretera y empiece a leer, trabajar o ver una pantalla, perderá referencias visuales que hoy ayudan a anticipar movimiento. Por eso la industria investiga asientos, suspensión activa, señales visuales y hasta avisos vibrotáctiles que anticipen una curva.

La idea es sencilla: si el cuerpo sabe qué movimiento viene, puede prepararse mejor. Otro estudio de 2026, con 107 participantes distribuidos en pruebas longitudinales, laterales y verticales, encontró que la frecuencia del movimiento importa tanto como su magnitud; alrededor de 0.2 Hz aparecieron, en general, los síntomas más severos. Eso ayuda a entender por qué “suave” o “duro” describe muy poco: importa cómo oscila el vehículo, no sólo cuánto se mueve.

Un estudio de 2026 probó precisamente señales vibrotáctiles en 40 pasajeros durante dos recorridos de 30 minutos por vías públicas. El cinturón avisaba aproximadamente un segundo antes de giros a derecha o izquierda y redujo el nivel de carsickness frente a la condición sin avisos. Es casi como darle al pasajero una parte de la anticipación que ya tiene el conductor.

Pero tampoco conviene convertir “avisar antes del giro” en receta universal. Un estudio de 2023, usando un trineo lineal con movimientos menos variables, no encontró una reducción significativa del mareo con señales vibrotáctiles anticipatorias, aunque los participantes sí las percibieron como útiles. La diferencia entre ambos trabajos refuerza la idea central del artículo: ruta, tipo de movimiento, previsibilidad y contexto cambian el resultado.

Todo esto cambia la pregunta útil.

No es “¿qué marca marea menos?”.

Es “¿qué movimientos produce este vehículo, en esta ruta, con este conductor y este pasajero?”.

Para una persona sensible, mirar hacia adelante, evitar leer, reducir tiempo de pantalla, elegir un asiento con mejor referencia exterior y pedir una conducción progresiva puede ayudar. Si el malestar aparece, esperar a que se vuelva intenso suele ser peor que cambiar temprano la actividad visual o hacer una pausa.

Y si el auto que antes se sentía estable empezó a rebotar, balancearse o cabecear de forma distinta, entonces sí hay una razón mecánica para revisar.

Amortiguadores, llantas, presión, componentes de suspensión y alineación pueden alterar la forma en que el vehículo se mueve. Eso no permite diagnosticar “me mareo = amortiguador malo”, pero sí justifica revisar un cambio real de comportamiento.

La frase que vale la pena recordar es ésta: el mareo no pertenece sólo al pasajero ni sólo al auto. Aparece en la relación entre cuerpo, movimiento, visión, ruta y conducción.

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Fuentes consultadas: Ergonomics — Motion sickness in public road transport: the effect of driver, route and vehicle. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10643406/ Applied Ergonomics — Can seat suspensions mitigate motion sickness and enhance vibration comfort while being driven? https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41830678/ Aerospace Medicine and Human Performance — An Active Suspension System for Mitigating Motion Sickness and Enabling Reading in a Car. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30126515/ Applied Ergonomics — Anticipatory vibrotactile cues about upcoming turns reduce motion sickness: a public-road passenger study, 2026. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41849854/ Experimental Brain Research — The (in)effectiveness of anticipatory vibrotactile cues in mitigating motion sickness, 2023. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36971821/ Applied Ergonomics — Motion sickness induced by periodic accelerations: effects of motion axis, frequency and acceleration magnitude, 2026. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42240048/