Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres
Pasa en muchos viajes: el conductor sigue pendiente del camino y, unos minutos después, el copiloto ya está dormido. Desde afuera parece que manejar “quita el sueño”. No exactamente. La diferencia es que una persona tiene una tarea activa que exige vigilancia constante y la otra puede entregarse al movimiento repetitivo del vehículo.
Mientras conduce, el cerebro está comparando carriles, distancias, velocidad, trayectoria, señales, vehículos alrededor y lo que podría ocurrir unos segundos después. Esa carga mantiene cierto nivel de activación. El pasajero no necesita hacer ese trabajo; puede dejar de anticipar, relajar la mirada y reducir su participación mental. Si ya existe cansancio, la transición al sueño se vuelve mucho más fácil.
Hay un estudio pequeño, pero muy curioso, que comparó a las mismas personas durante conducción nocturna y durante el mismo trayecto como pasajeros. Los microsueños observados fueron más cortos cuando estaban conduciendo que cuando viajaban como pasajeros. Eso no significa que conducir proteja contra dormirse. Lo que muestra es algo más interesante: la propia tarea modifica el estado de vigilancia y puede hacer que algunas personas “regresen” antes de un episodio breve de sueño. El estudio tenía sólo cuatro participantes, así que sirve para abrir la pregunta, no para convertirla en regla universal.
El movimiento del vehículo también aporta algo. La vibración de baja frecuencia no es completamente neutral para el cuerpo. Una revisión de 2022 encontró que ciertas combinaciones de frecuencia, amplitud y duración pueden favorecer somnolencia, y trabajos experimentales han observado cambios en vigilancia incluso en exposiciones relativamente cortas. En otras palabras, ese vaivén que ayuda a dormir a un niño también puede actuar sobre un adulto cansado, aunque el efecto dependa mucho del tipo de vibración y del contexto.
Para el pasajero, esa vibración llega sin una tarea que obligue a responder. Para el conductor, llega mientras mantiene una vigilancia activa. Esa diferencia ayuda a explicar por qué uno puede quedarse dormido primero sin demostrar que el otro esté verdaderamente descansado.
Ahí aparece un mito peligroso: “si voy manejando, no me puedo dormir”. La actividad puede retrasar o enmascarar parte de la somnolencia, pero no elimina la necesidad de dormir. Un conductor fatigado todavía puede cabecear, invadir carriles, olvidar tramos, reaccionar tarde o sufrir microsueños. Que tu copiloto esté dormido y tú sigas despierto no demuestra que estés en buenas condiciones; sólo demuestra que todavía estás sosteniendo la tarea.
El copiloto sí puede ser útil, pero de otra manera. Puede encargarse de navegación, pagos, buscar una dirección, manipular objetos, identificar una parada segura o asumir tareas que evitarían que el conductor aparte la atención del camino. Una conversación puede aumentar la activación por un rato, pero no debería convertirse en el plan para “mantener despierto” a alguien que ya está fatigado. Un pequeño estudio con conductores privados de sueño encontró que hablar con un pasajero y hablar por teléfono no producen exactamente el mismo patrón de distracción; aun así, ninguno convierte la falta de sueño en una condición segura.
También es interesante que el pasajero pueda marearse mientras el conductor no. Ahí vuelve a aparecer el papel del control y la anticipación. Quien conduce sabe cuándo va a frenar, girar o acelerar porque él mismo genera buena parte del movimiento. El pasajero recibe más movimientos “impuestos”. No es la misma explicación que el sueño, pero muestra algo constante: participar activamente cambia la manera en que el cerebro procesa el trayecto.
En un viaje largo, la conclusión práctica es menos espectacular que cualquier truco. Dormir antes de salir, evitar conducir dentro de tus horas habituales de sueño cuando sea posible, compartir el volante y detenerte ante signos reales de somnolencia siguen siendo mejores estrategias que confiar en que la responsabilidad de conducir te mantendrá despierto.
Si eres pasajero, dormir no es un problema por sí mismo mientras viajes correctamente sentado y sujeto. Lo importante es no reclinarte o acomodarte de forma que el cinturón deje de pasar por las zonas para las que fue diseñado. La comodidad no debería anular la protección.
Y aquí hay una pregunta que vale más que saber por qué el copiloto se durmió primero: ¿estoy despierto porque realmente estoy descansado o sólo porque la tarea todavía me mantiene activado? Confundir activación con capacidad es una de las formas más fáciles de seguir manejando más tiempo del que conviene.
El vehículo también puede aumentar o reducir parte de esa carga. Una suspensión que rebota de más, llantas con problemas, vibraciones anormales, un asiento que obliga a corregir postura todo el tiempo o una climatización deficiente pueden volver el trayecto más cansado de lo necesario. Si el auto vibra, rebota o hace el viaje innecesariamente fatigante, vale la pena revisar la causa.
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Fuentes consultadas: Ergonomics — Task effects on fatigue symptoms in overnight driving. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10340025/ Industrial Health — The influence of vibration on seated human drowsiness. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26829971/ Journal of Safety Research — Effects of whole-body vibration on driver drowsiness: A review. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35589288/ Chronobiology International — Driving when distracted and sleepy: The effect of phone and passenger conversations on driving performance. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29894206/