Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres

Subes una carretera de montaña y, de pronto, el sonido cambia. Sientes presión, tragas saliva, escuchas un pequeño “pop” y todo vuelve a la normalidad. No fue el auto. Fue tu oído intentando ponerse de acuerdo con la presión del ambiente.

Detrás del tímpano hay un espacio lleno de aire. Para que el tímpano funcione con normalidad, la presión de ese aire necesita mantenerse relativamente equilibrada con la del exterior. La trompa de Eustaquio, que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz y la garganta, ayuda a conseguirlo. Cada vez que tragas, bostezas o masticas, puede abrirse durante unos instantes y permitir que la presión se iguale. De ahí viene ese “pop” tan típico.

No necesitas subir a un avión para sentirlo. Cleveland Clinic incluye conducir en montaña entre las situaciones capaces de provocar molestias por cambio de altitud. Si la carretera gana o pierde altura con rapidez, la presión exterior puede cambiar antes de que el oído medio alcance a compensarla. Entonces aparecen el oído tapado, la audición amortiguada, pequeños chasquidos o una presión molesta que normalmente desaparece cuando el sistema consigue equilibrarse.

Hay una curiosidad que ayuda a entender por qué algunas bajadas se sienten peor que la subida. Al ascender, la presión exterior disminuye; al descender, aumenta. En ambos sentidos el oído tiene que reajustarse, pero no todas las personas compensan igual de fácil en ambas direcciones. Por eso puedes subir una sierra casi sin notarlo y empezar a sentir presión justo cuando comienza el descenso.

Un resfriado, una gripe o una temporada fuerte de alergias pueden hacer que una carretera que otras veces no te molestaba se vuelva mucho más incómoda. La razón no es misteriosa: la inflamación puede dificultar que la trompa de Eustaquio se abra con normalidad. Es el mismo motivo por el que algunas personas sufren especialmente durante el aterrizaje de un avión cuando están congestionadas.

También existe un mito poco útil: pensar que, si el oído se tapa, hay que soplar lo más fuerte posible para “destaparlo”. Algunas personas utilizan una maniobra de Valsalva —cerrar la nariz e intentar expulsar aire con suavidad— para igualar presión, pero la palabra importante es suavidad. Forzar más no significa compensar mejor. Antes suele tener más sentido probar lo sencillo: tragar, bostezar, beber pequeños sorbos de agua o masticar chicle. La idea es favorecer que el propio conducto se abra, no convertir la molestia en una competencia de presión.

En los niños puede ser más evidente porque sus trompas de Eustaquio son anatómicamente distintas y pueden obstruirse con mayor facilidad. Dependiendo de la edad, beber, tragar o succionar durante un cambio de altitud puede ayudar. Si el dolor es importante, recurrente o no se resuelve, deja de ser terreno para trucos de viaje y corresponde valoración médica.

La clave está en observar qué pasa después. Una presión que aparece durante la subida o la bajada y desaparece al compensar suele ser transitoria. En cambio, si el oído sigue tapado durante mucho tiempo, aparece dolor intenso, pérdida auditiva persistente, vértigo, secreción o el problema se repite con frecuencia, conviene pensar más allá de la altitud. Cerumen, infección, congestión y otros problemas del oído también pueden producir sensaciones parecidas.

Y aquí la montaña conecta de nuevo con el auto. Tus oídos pueden ser la primera señal de que el entorno cambió, pero el vehículo también está entrando a condiciones distintas. Una pendiente prolongada modifica el trabajo de frenos, motor, sistema de enfriamiento, transmisión y llantas. La diferencia es que el oído puede compensar con un bostezo; el auto necesita llegar preparado.

Ahí aparece una comparación muy simple entre prevenir y corregir. Preventivo es entrar a la ruta sabiendo que las llantas están en condición y presión correctas, que los frenos no muestran síntomas anormales, que el sistema de enfriamiento no tiene fugas visibles y que luces, limpiadores y niveles están listos para el trayecto. Correctivo es descubrir todo eso ya en una pendiente, cuando una llanta dañada, una fuga, una temperatura fuera de rango o una pérdida de eficacia de frenado puede obligarte a detener el viaje.

No necesitas convertir la preparación en un ritual complicado. Basta con que el auto no empiece una ruta exigente con problemas que ya eran visibles antes de salir. Y esa idea se puede recordar con una frase sencilla: tus oídos pueden avisarte primero que el entorno cambió; el auto también lo siente, sólo que de otra manera.

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Fuentes consultadas: Cleveland Clinic — Eustachian Tube Dysfunction: cambios de altitud, incluido conducir en montaña, pueden empeorar síntomas. https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/22527-eustachian-tube-dysfunction Merck Manual — Barotrauma of the Ear, revisión completa junio de 2026; presión ambiental, trompa de Eustaquio y compensación. https://www.merckmanuals.com/home/ear-nose-and-throat-disorders/middle-ear-disorders/barotrauma-of-the-ear Cleveland Clinic — Eustachian Tubes: Anatomy, Function & Related Disorders. https://my.clevelandclinic.org/health/body/22072-eustachian-tubes