Por Gustavo Huicochea Hernández · RMX Talleres

En 1969 Paul Newman protagonizó Winning.

Interpretaba a un piloto.

El problema —o la suerte— fue que aprender a parecer piloto despertó algo que no terminó cuando dejaron de grabar.

Newman siguió corriendo.

Y llegó un punto en el que llamarlo “actor que también manejaba” empezó a quedarse corto.

La película fue la puerta de entrada. Para verse convincente frente a cámara, Newman tuvo que acercarse al automovilismo real. Muchos actores aprenden una habilidad para un papel y la abandonan cuando termina la producción. Newman hizo lo contrario: siguió practicando hasta entrar a competencias del Sports Car Club of America.

Ahí el apellido famoso dejó de servir.

El cronómetro no da trato preferencial.

La SCCA recuerda precisamente eso al explicar por qué lo incorporó a su Hall of Fame. Newman podía haber pedido privilegios por su notoriedad. Eligió mezclarse con los demás competidores y ser evaluado como uno más.

Los resultados terminaron justificándolo.

Ganó cuatro campeonatos nacionales de SCCA.

Compitió durante décadas.

Recibió el President’s Cup.

Y en 1979 hizo algo que elimina casi cualquier discusión sobre si aquello era un hobby caro o una carrera deportiva seria.

Terminó segundo absoluto en las 24 Horas de Le Mans.

Newman compartió un Porsche 935 con Rolf Stommelen y Dick Barbour. El auto terminó segundo en la clasificación general y primero dentro de su categoría IMSA.

Tenía 54 años.

No necesitaba el resultado para ser famoso.

Lo consiguió porque para entonces ya podía competir a ese nivel.

Le Mans cambia por completo la escala del argumento.

No son unas vueltas para invitados.

Son 24 horas de tráfico, relevos, noche, desgaste mecánico, concentración y gestión del auto.

Un error pequeño se multiplica.

Un piloto lento castiga el resultado.

Un piloto inconsistente castiga al equipo.

Newman no estaba ahí para una fotografía.

Estaba ahí porque podía sostener su parte del trabajo.

Eso tampoco significa que debamos convertirlo retrospectivamente en el mejor piloto de su generación.

No hace falta.

Su mérito está justamente en otra cosa: construyó una segunda carrera suficientemente seria como para que el automovilismo pudiera evaluarlo sin referencia a Hollywood.

La SCCA lo describe como cuatro veces campeón nacional.

Le Mans lo registra como segundo absoluto.

Más tarde, a los 70 años, volvió a demostrar que la relación no era episódica al formar parte de un equipo que ganó su clase en las 24 Horas de Daytona.

Décadas de resultados son una barrera mucho más alta que comprar un auto rápido.

El dinero permite entrar.

No permite mantener ritmo, cuidar equipo, entender tráfico y repetir resultados.

Newman también prefería presentarse en algunas competencias como P. L. Newman. No era un disfraz capaz de ocultar a una de las caras más reconocibles del cine, pero sí expresaba algo sobre cómo quería estar en el paddock.

No quería que la pista se organizara alrededor de la estrella.

Quería pertenecer a la comunidad de carreras.

La SCCA incluso conserva anécdotas de esa voluntad de mezclarse con otros miembros en lugar de ocupar un lugar especial.

Esa actitud ayuda a explicar por qué su figura es respetada dentro del automovilismo y no solamente recordada por aficionados al cine.

Con el tiempo, Newman cruzó otro umbral.

Dejó de ser sólo piloto y se convirtió también en propietario de equipo.

Su participación en estructuras de competición terminó desembocando en Newman/Haas Racing junto con Carl Haas, una organización que se volvió protagonista del automovilismo estadounidense de monoplazas.

Ahí la segunda carrera ya no dependía de que él estuviera sentado al volante.

También involucraba pilotos, ingenieros, estrategia, patrocinadores, desarrollo y campeonatos.

El actor había entrado al automovilismo por una película.

Terminó ayudando a construir una organización de carreras.

Eso vuelve especialmente interesante cualquier auto con procedencia documentada de Paul Newman.

Un vehículo que perteneció a una celebridad puede ganar valor porque estuvo asociado a una persona famosa.

Un vehículo que además fue usado por esa persona en competencia tiene otra capa.

No es solamente “el auto de un actor”.

Puede ser “el auto con el que un piloto obtuvo este resultado”.

La diferencia es enorme.

Y la palabra que vuelve a ordenar todo es provenance.

Resultados.

Logbooks.

Fotografías.

Números de chasis.

Propiedad.

Restauraciones.

Modificaciones.

Sin documentos, el nombre puede ser sólo una historia.

Con evidencia, la relación pasa a formar parte del objeto.

La historia de Newman también sirve para entender algo más cotidiano.

El uso real define el mantenimiento.

Un auto de competencia puede compartir nombre o incluso componentes con un vehículo de calle, pero vive ciclos completamente distintos de temperatura, frenado, carga lateral, revoluciones y mantenimiento.

Lo mismo ocurre —en otra escala— con un auto particular que pasa su vida en carretera, uno que sólo hace trayectos cortos o uno usado en pista algunos fines de semana.

El kilometraje no cuenta toda la historia.

La operación sí.

Por eso preguntar “¿cuántos kilómetros tiene?” es menos útil si no preguntas también “¿cómo se usó?”.

Paul Newman empezó fingiendo ser piloto para una película.

Después dejó de necesitar la ficción.

Los campeonatos, Le Mans y décadas de competencia hicieron el resto.

Ésa es la parte más interesante: no construyó una imagen automotriz alrededor de la fama.

Construyó resultados suficientes para tener otra identidad.

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Fuentes consultadas: Sports Car Club of America — Paul Newman, SCCA Hall of Fame. https://www.scca.com/pages/paul-newman 24 Hours of Le Mans — Porsche 935 raced by Paul Newman to second overall in 1979. https://www.24h-lemans.com/en/news/sold-the-porsche-935-that-paul-newman-raced-at-le-mans-in-1979-42835 Motorsports Hall of Fame of America — Paul Newman. https://www.mshf.com/Paul-Newman-10-1841110.html Newman/Haas Racing — historia oficial del equipo: https://www.newmanhaasdelivers.com/History/